jueves, mayo 27, 2010

¿Son ciudadanos todos los habitantes de una ciudad?


Pensando en mis definiciones de ciudad y de ciudadano que puse en la entrada anterior, me ha surgido una duda más que razonable. Hablando de las características que definen al ciudadano sugerí que la participación de éste en la vida de la ciudad no tenía por qué ser activa; Creo que esta afirmación es correcta, pero con ella va incluido el supuesto de que el ciudadano cuenta con esa capacidad de participación, y después me he dado cuenta de que he hecho la errónea asunción de que eso se cumple para el cien por cien de los habitantes de la ciudad. Por desgracia no es así.

Hagamos una pequeña escala para definir lo que es la vida ciudadana o urbana: la vida urbana comprende todas aquellas actividades culturales, artísticas, comerciales, sociales, industriales, artesanas y políticas que tienen lugar dentro de la ciudad y que implican intercambio de bienes entre los ciudadanos, incluidos el desempeño de oficios y las actividades de ocio.

Recordando que habíamos definido al ciudadano o ciudadana como alguien cuya vida cívica transcurre entre su vertiente pública y su vertiente privada, se deduce que la vida ciudadana tiene igualmente un componente público que encontramos en sus calles, sus plazas, sus comercios, sus lugares de esparcimiento, etc. Sin embargo hay que hacer notar que siempre han existido, y aún hoy perduran, colectivos enteros que no participan de esa vertiente pública de la vida urbana.

Hagamos trabajar la máquina del tiempo hacia atrás y vayamos (de nuevo) a la Atenas de Pericles. Resulta seductor verla altiva y orgullosa, ejemplo del culmen de la democracia y la vida cívica. Pero tal imagen se va empañando al echar un vistazo más cercano y comprobar que el porcentaje de ciudadanos de pleno derecho no llegaba ni al tercio total de habitantes, dado que ni las mujeres ni los esclavos gozaban de la parte pública de la vida ciudadana, sino que se circunscribían a un ámbito estrictamente privado, de puertas para dentro. No contaban con capacidad de votar ni de expresar legalmente sus opiniones, tenían prohibido o restringido el acceso a ciertos espacios públicos como los gimnasios, y carecían de entidad jurídica.
Otros muchos ejemplos igualmente clarificadores nos muestran que estos dos grandes y sufridos colectivos han sido tradicionalmente apartados de la vida pública a lo largo de la historia, sea por ley humana (República e Imperio Romanos), divina (Islam) o imperativo de costumbre (Europa occidental).

Esta antigua tendencia ha llegado a su fin en la civilización occidental, donde por fin las mujeres cuentan con los mismos derechos y libertades que los hombres, y donde nadie puede ser legalmente dueño de otro. Pero en las ciudades contemporáneas, incluso las occidentales, paradigma de las libertades y conquistas sociales, siguen existiendo colectivos minoritarios marginados, apartados de la vida ciudadana.
Los guetos existentes en ciertas metrópolis representan esto claramente. La población de estos barrios deprimidos suele tener un procentaje muy elevado de inmigrantes, muchos de los cuales no tienen acceso a un trabajo por carecer de documentación legal o medios para conseguirla. Esto hace aumentar el crimen y la economía sumergida, amén de suponer un factor que, unido a la brecha cultural, crea una gruesa barrera entre los habitantes de los guetos y los ciudadanos de a pie. En este sentido se podría decir que los guetos son como pequeñas ciudades en el seno de ciudades más grandes, dado que cuentan con sus reglas, su economía y sus propios medios para intercambiar de bienes. Pero abandonemos aquí este fascinante tema, pues analizarlo adecuadamente ocuparía varios posts enteros.

Estos colectivos marginados han existido en todas las épocas y cada ciudad ha horadado sus propios caminos para integrarlos dentro de su vida cotidiana. Pero, como ya escribía en otra parte, la evolución de las ciudades es pausada y pasa tiempo hasta que los cambios se traducen físicamente en ellas. Resulta complicado intentar un análisis general, aunque sea acotado a las ciudades de un pais o época determinados, dado que los cambios sociales, la emigración, el progreso y el resto de factores históricos imprimen atropelladamente sus huellas en aquellas, y al final solamente se puede especular sobre los factores exactos que motivaron un cambio concreto. A esto hay que añadir que el siglo XX ha supuesto una revolución para las ciudades gracias al sin par aumento de población y al progreso tecnológico, lo que embarulla aún más si cabe los intentos de análisis sistematizado. Hay que retroceder un poco y focalizarnos en una sola ciudad, o retroceder bastante más para buscar un ejemplo más general de integración de colectivos a la vida ciudadana. Optaré por la segunda opción y me decantaré por el mejor ejemplo que se me ocurre: el Imperio Romano.

Pero esto será para la siguiente entrada, dado que el objetivo de la presente era señalar la diferencia entre habitante y ciudadano, y creo que está cumplido.

2 comentarios:

UKmonkey dijo...

El problema de la mayoría de los habitantes de las cuidades, es que son esclavos de las propias ciudades, y sin darse cuenta, ya que la mayoría viven felices en esa situación.

Earendil dijo...

Mmmm... no creo que se sea más esclavo en una ciudad que en cualquier otro lugar, aunque ciertamente la ciudad tiene elementos atractivos que no tienen ni la aldea ni el campo.

Sí creo probable que sea más... adictiva, por llamarlo así: de algún modo ha sido siempre en la ciudad donde (hablando en general) podían colmarse las aspiraciones culturales, comerciales e incluso de ocio de los seres humanos, y eso tira mucho. De todas formas es posible que esto esté variando gracias al fenómeno internet.

Mmmmm... caramba, esto da para otra entrada.

Un beso hermosa.